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Torneo de Hastings, 1895. Sin mediar palabra, un ofuscado Kurt Von Bardeleben se levanta, se pone su sombrero, y se marcha para su hotel sin estrechar la mano a su oponente ni responder a la jugada 25 de las blancas. Al otro lado de la mesa de juego, Wilhelm Steinitz espera a que el reloj le dé por ganador y después muestra a los asistentes las 10 jugadas que restan de la larga combinación que le llevó a la victoria. Los espectadores se quitan el sombrero y ovacionan al ex-campeón.
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